Pacientes con necesidades especiales

El cuidado dental del anciano encamado

Dr. Juan Luis Molina, Dentista de Cuidado Especial (Special Care Dentistry)

sonrisasespeciales@hotmail.com,

787-402-2834

A medida que pasan los años, la medicina ha logrado prolongar la vida de las personas. Por ejemplo, actualmente tenemos varios ancianos que duran más de 100 años y se les conoce como centenarios. La medicina dental y el tener más conciencia de mantener una buena higiene oral ha logrado que muchos de nuestros ancianos mantengan casi o todos sus dientes en boca. Si hablamos con nuestros padres sobre los dientes de las personas de edad avanzada de su época probablemente nos dirán que no les quedaba ninguno pues los perdieron cuando joven. También puede que digan que antes no les salvaban los dientes, si dolían se los sacaban.

Tenemos una población de la tercera edad que puede masticar sus alimentos mejor y mantener una mejor sonrisa. Sin embargo, hay una condición que está afectando a nuestros ancianos y es el Alzheimer. Los científicos están buscando cómo poder curar esta enfermedad. Ha habido avances, pero sin embargo falta camino que recorrer. Mientras tanto a medida que el Alzheimer avanza, la persona va perdiendo su independencia poco a poco a tal extremo que termina encamado y dependiendo de otros para su cuidado.

Esto representa un reto para los dentistas pues al inicio comienzan barreras de comunicación y dificultad para seguir instrucciones, por ejemplo, mantener la boca abierta. En algún punto su paciente va dejando de cooperar y en ocasiones puede hasta tornarse agresivo. A partir de ese momento puede que le indique al familiar que ya no puede atenderlo pues no tiene la preparación o el equipo necesario para atender pacientes no cooperadores. También su condición médica se va agravando de igual forma la cantidad de medicamentos que requiere para mantener estable su estado clínico.

Ya cuando el paciente termina postrado en una cama y va aumentando su fragilidad, recibir servicios dentales va tornándose cuesta arriba. Hasta poder cepillar sus dientes se convierte en un reto y motivo de frustración para sus cuidadores. Cuando surge una infección en los dientes y el paciente se hincha, tiene más de 70 años y varias condiciones médicas, la desesperación es mayor pues no logran conseguir con facilidad un dentista que esté dispuesto y preparado para atender al anciano postrado. La situación es más difícil cuando eso le sucede a uno que esté en hospicio y que ya la medicina no se puede hacer mucho por él. El hospicio se enfoca en tratamientos que se llaman paliativos, ósea para aliviar el dolor en lo que terminan su proceso de muerte. El poder remediar un dolor dental se considera paliativo y por eso el dentista debe ser parte importante del equipo de médicos de hospicio. Usualmente en esos casos es transportado en ambulancia para que pueda recibir tratamiento dental. Sin embargo, en ocasiones el movilizar al paciente le resulta traumático pues deben ser trasladados de la cama a la camilla, vencer las barreras físicas que puedan haber antes de llegar a la ambulancia, montarlo en la ambulancia, estar bajo movimiento en el trayecto según estén las condiciones de la carretera, bajarlo y llevarlo a la silla dental. Luego este proceso se repite para que pueda volver a su hogar. A esto le podemos sumar que si el plan no cubre transporte de ambulancia el costo es elevado.

Hay dentistas que tienen la preparación y experiencia para poder atender a un paciente encamado en su hogar. Se utiliza un equipo portátil que tiene lo básico para poder trabajara como compresor y succión. También cuenta con las máquinas necesarias para arreglar los dientes ya sea con plata o resina y para realizar limpiezas dentales.  De ser necesario y luego de un consentimiento de su médico de cabecera se les pueden realizar extracciones dentales. Si el paciente no coopera luego de consentirlo el tutor legal, se usan bandas estabilizadoras y abrebocas diseñados específicamente para ellos. Los nuevos dentistas que están graduándose en Puerto Rico están comenzando a recibir adiestramiento para atender a nuestros encamados de forma profesional y humana. Es ley de vida, nacemos, crecemos, envejecemos y morimos. Si luego de una vida productiva terminamos encamados, al menos deberíamos tener el derecho de que se nos cuide responsablemente y que nuestros últimos años o días se sufra lo menos posible siendo atendidos por profesionales que puedan servir de apoyo de forma humanitaria. Los gobiernos deberían dirigir más recursos para ayudar a esta población discapacitada, pues aún el que legisla eventualmente puede terminar en una cama y si no atendieron esta necesidad, tampoco encontrará quien alivie su dolor.

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